Fundadores

El Cuadro de María Auxiliadora

A Don Bosco le ocupaba el cuadro de la Santísima Virgen Auxiliadora que debía colocarse en el altar mayor del santuario en construcción.

En la primera reunión con el pintor Lorenzone, que debía pintarlo, dejo maravillados a todos los presentes con la grandiosidad de sus ideas.

Expresó así su pensamiento:

-“En lo alto, María Santísima entre los coros angélicos; en torno a Ella y más cerca los apóstoles, después los mártires, los profetas, las vírgenes y los confesores. En tierra, los emblemas de las grandes victorias de María y los  pueblos de las distintas partes del mundo con las manos levantadas pidiendo auxilio”.

Hablaba como de algo  ya visto por él y precisaba todos los detalles. Lorenzone le escuchaba sin perder sílaba. Cuando Don Bosco terminó, le preguntó:

-¿Y dónde pondrá ese cuadro?

-En la nueva iglesia.

-¿Cree usted que cabrá en ella?

-¿Por qué no?

-Y ¿dónde encontrará la sala para pintarlo?

-Eso va por su cuenta.

-¿Dónde quiere que halle un espacio capaz para este cuadro? Haría falta toda la plaza Castillo. Salvo que pretenda una miniatura para mirarla con el microscopio.

Todo rieron. El pintor demostró su punto de vista, teniendo en cuenta las medidas y reglas de la proporción.

Don Bosco quedó un poco contrariado, pero no tuvo más remedio que reconocer que el pintor tenía razón. Se decidió que el cuadro llevara sólo la Virgen , los apóstoles, los evangelistas y algunos ángeles en la parte superior. Al pie del mismo, bajo la gloria de la Virgen iría el oratorio. Sin perder más tiempo se iniciaron los trabajos.

La Virgen estaba quedado verdaderamente estupenda.

-¡Miren qué hermosa es! No es obra mía; no soy yo quien pinta, hay otra mano que guía  la mía. Diga pues a Don Bosco que el cuadro saldrá como él lo quiere.

Lorenzone estaba locamente entusiasmado.  No paraba en la realización de su trabajo.

Cuando finalmente, 3 años después, se concluyó el cuadro; fue llevado a la Basílica y se colocó en su lugar, Lorenzone cayó de rodillas derramando abundantes lágrimas.

 

 

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MADRE MAZZARELLO

Y LAS VOCACIONES

El Espíritu Santo nos dice que el que quiere servir al Señor debe preparar su alma para la tentación, por que el demonio hará gran esfuerzo para ponerle impedimentos.

Así muchas postulantes apenas llegaban a Mornese sentían fuertemente la separación de sus padres y en especial de la mamá, separación que parecía más dolorosa por la pobreza de la casa, y deseaban volver con su familia.

¿Qué hacía Madre Mazzarello? Procuraba suplir a las mamás y las trataba con toda bondad, atenciones y delicadezas, tanto, que una madre verdadera no habría podido hacer más.

Las buenas jóvenes eran ayudadas a vencer las tentaciones, se acostumbraban al sacrificio, se formaban en la vida religiosa y, más tarde, muchas tuvieron que agradecer su industriosa y materna caridad que había contribuido a hacerles perseverar en la vocación.

¿Queréis hechos? Helos aquí:

Una de las primera postulantes que se hizo pronto Hija de María Auxiliadora decía: “Al principio, como es fácil imaginar, encontraba gran dificultad en acostumbrarme a la vida religiosa y con frecuencia me asltaba el pensamiento de volverme a casa; pero cuando estaba turbada, unas pocas palabras de la Madre bastaban para poner paz en mi corazón. Todas las que en aquel tiempo tuvimos la suerte de vivir con ella decíamos: “<Basta confiar nuestras penas a la Madre para que desaparecieran, por que una sola palabra suya era suficiente para dejar el ánimo tranquilo y en paz >”.

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Monumento Vivo a la Auxiliadora

 

Don Bosco exultaba a la santa alegría y quiso que las nuevas religiosas llevaran el hermoso nombre de  Hijas de María Auxiliadora porque, como dijo con acento conmovido, quería que “el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora fuera un monumento de perenne gratitud a los singulares favores obtenidos de tan buena Madre”

Don Francisco Cerrutti, que fue uno de los primero y más adictos alumnos de Don Bosco, en el proceso informativo para la Causa de San Juan Bosco declaró:

“Recuero haber oído a Don Bosco: <Son muchos y grandes nuestros deberes de reconocimiento y gratitud hacia María Auxiliadora; lo que somos y cuanto somos y cuanto hemos hecho se lo debemos a Ella. Por esto deseo que quede un monumento perenne e inmortal de nuestro agradecimiento hacia esta buena madre; este monumento serán las Hijas de María Auxiliadora>”

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Don Bosco y la Virgen

Una opción mariana definitiva

 

María Auxiliadora persigue a Don Bosco. Nace el santo en 1815, un año después de que Pío VII instituía la fiesta del 24 de mayo, y no muy lejos del lugar de su nacimiento. En Turín encontrará también esta advocación, una imagen venerada en la iglesia de San Francisco de Paula en la que incluso existe una asociación en su honor, inspirada en otra existente en Munich. En 1848 se encuentran ya colocadas en su mesa de trabajo algunas estampas con el título “Auxilium Christianorum”. Pero será exactamente en 1862, en plena madurez de Don Bosco, cuando éste hace la opción mariana definitiva: Auxiliadora. “La Virgen quiere que la honremos con el título de Auxiliadora: los tiempos que corren son tan aciagos que tenemos necesidad de que la Virgen nos ayude a conservar y a defender la fe cristiana”.

Desde esa fecha el título de Auxiliadora aparece en la vida de Don Bosco y en su obra como “central y sintetizador”. La Auxiliadora es la visión propia que Don Bosco tiene de María. La lectura evangélica que hace de María, la experiencia de su propia vida y la de sus jóvenes salesianos, y su experiencia eclesial le hacer percibir a María como “Auxiliadora del Pueblo de Dios”.

 

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DON BOSCO Y

MADRE MAZZARELLO

UN REGALO DEL CORAZÓN DE DIOS PARA LOS JÓVENES.

Los jóvenes que llegaban a Valdocco o a Mornese  se sentían inmediatamente envueltos en un ambiente de espontaneidad, de alegría y de fiesta, que cautivaba a todos; podríamos decir, que se respiraba el ambiente  descrito en las narraciones del Antiguo Testamento; donde encontramos la descripción perfecta de Dios: “un Dios toda Ternura que deja ver su infinito amor, manifestado sobre todo a los más pobres y necesitados”Por ello Don Bosco decía: “Dios ama a todos, porque son obra de sus manos, pero de manera especial ama a los JÓVENES y se goza en ellos”. Los jóvenes del oratorio de Valdocco y las jovencitas del taller de Mornese, al ver el testimonio de amor, entrega y dedicación que vivían Don Bosco y Madre Mazzarello, experimentaban que Dios los amaba intensamente y que eran importantes para Él. Este clima que experimentaban lograba hacer grandes cambios en la vida de los jóvenes; incluso aquellos que eran más rebeldes o cerrados, se dejaban envolver por aquella experiencia de amor y de acogida propia del espíritu salesiano. Como ejemplo de ello encontramos a Miguel Magone, Emma Ferrero, Francisco Besucco, Emilia Mosca, entre otros.Además, afirmamos,la Alegría que reinaba en este ambiente salesiano era el fruto de la pasión y entrega de Don Bosco y Madre Mazzarello, quienes encarnaban perfectamente la imagen del Dios amor.Los jóvenes sabían que estaban en casa y que contaban con la ayuda y el apoyo de aquellos dos personajes que para ellos representaban el rostro de Dios en la tierra. Ciertamente, ellos fueron un gran regalo de Dios para la vida, la alegría y la esperanza de mucha gente. Lo  fueron de modo especial para los jóvenes, sobre todo para los más pobres; y esto fue gracias a que descubrieron que Dios los había llamado para esta vocación.

Y tú… ¿no te sientes llamada como ellos?

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YO ME QUEDO CON DON BOSCO

Don Bosco gozaba de una gran fuerza de atracción, tanto con quienes eran cercanos a él, como con quienes no lo eran, y la manifestaba de diferentes maneras. Yo por mi cuenta hice una experiencia.Un día, en mi tiempo de colegio, donde para mi Don Bosco y los salesianos sólo  existían de nombre; con algunos de mis compañeros, rodeamos a dos sacerdotes: uno era propio del país y el otro extranjero que había venido a predicar el mes de mayo a la catedral.Hablaban entre sí y les agradaba que escucháramos  lo que decían. En un momento de la plática uno de los sacerdotes le dijo al otro: “Pero díganos algo de Don Bosco, usted que ha estado en Turín. Denos alguna noticia fresca de él”. El sacerdote comenzó a hablar de Don Bosco con cierta admiración y afecto, dejando luego escapar esta  exclamación: “¡Vieran qué amable es Don Bosco con los muchachos!, para decirles que contesta a sus cartas con su puño y letra”Al escuchar esto, se creó dentro de mí un gran cariño por Don Bosco, a pesar que sólo lo conocía de nombre. Aquellas palabras que el sacerdote había dicho y que parecían insignificantes, se adueñaron de mi corazón de tal modo que me llevaron enteramente hacia Don Bosco. Desde aquel momento creció en mi el deseo de abandonarlo todo para “ir (como se decía) junto a Don Bosco”. Debo hacer notar que yo nunca había salido de mi ciudad y no conocía lo que significaba alejarse de la familia. Pero, desde aquel momento, yo era otro.Todos los días rezaba con una gran devoción a la Virgen María para pedirle por mi vocación y no paré hasta encontrar otras formas de orar que me orientaran más al estilo de vida que me sentía llamado a seguir.Aquellas palabras que escuche sobre Don Bosco, fueron suficientes para decir… “Yo me quedo con Don Bosco”

DE UN JOVEN SINCERO, SE PUEDE ESPERAR TODO

En el oratorio, había muchachos buenos, pero no faltaban aquellos que se conocían por sus travesuras. Uno de estos era desesperación de todos los superiores y especialmente de aquellos que lo tenían a su cargo.No pudiendo aguantar más las travesuras de este chiquillo, todos se pusieron de acuerdo para expulsarlo del oratorio, pero antes de realizar tal acción, debían de comunicárselo a Don Bosco. El Santo, conocía bien al pequeño rebelde: sabía que era vivaracho, pero no malo. Lo defendió ante los superiores y culminó la conversación diciendo: “ El muchacho tiene muchos defectos, pero es sincero y de un muchacho sincero, se puede esperar todo” De este modo el chico permaneció en el oratorio: llegó a ser salesiano, director, inspector, fundador de obras difíciles, querido por todos gracias a su santidad y enseñanza._______________________________________________

SAN JUAN BOSCO Y SANTA MARIA MAZZARELLO NUESTROS FUNDADORES

Don Bosco y Madre Mazzarello

SAN JUAN BOSCO

DB y la VirgenJuanito Bosco nació el 16 de agosto de 1815, en un pequeño caserío de Castelnuovo D’Asti, en el Piamonte, llamado popularmente “I Becchi”.Siendo todavía niño, la muerte de su padre le hizo experimentar el dolor de tantos pobres huerfanitos de los que se hará padre cariñoso. Pero encontró en su madre Margarita un ejemplo de vida cristiana que incidió profundamente en su ánimo.A los nueve años tuvo un sueño profético: le pareció estar en medio de una multitud de muchachos entregados a sus juegos, pero algunos de ellos blasfemaban. Rápidamente Juanito se arrojó sobre los que blasfemaban, con sus puños y a patadas para hacerlos callar; pero he aquí que se presenta un Personaje que le dice: “No con golpes, sino con la mansedumbre y con la caridad deberás ganarte a estos tus amigos.. Yo te daré la Maestra bajo cuya disciplina llegarás a ser sabio; y sin la cual, toda sabiduría se convierte en necedad”. El Personaje era Jesús y la Maestra María Santísima, a cuya guía se abandonó toda la vida y la honró con el título de “Auxiliadora de los cristianos”.Así fue como Juan quiso aprender a ser saltimbanqui, prestidigitador, cantor, titiritero, para poder atraerse a los compañeros y mantenerlos alejados del pecado. “Si están conmigo, decía a su mamá, no hablan mal”.Queriendo ser sacerdote para dedicarse enteramente a la salvación de los niños, mientras trabajaba de día, pasaba las noches sobre los libros, hasta que, a la edad de veinte años, pudo entrar en el Seminario de Chieri y ser ordenado Sacerdote en Turín en 1841, a los 26 años.En aquellos tiempos, Turín estaba llena de muchachos pobres en busca de trabajo, huérfanos o abandonados, expuestos a muchos peligros para el alma y para el cuerpo. Don Bosco comenzó a reunirlos los Domingos, ya en una iglesia, ya en un prado, ya en una plaza, para hacerlos jugar e instruirlos en el Catecismo, hasta que, después de cinco años de enormes dificultades, logró establecerse en el barrio periférico de Valdocco y abrir su primer Oratorio.En él, los muchachos encontraban comida y alojamiento, estudiaban o aprendían un oficio; pero, sobre todo aprendían a amar al Señor. Santo Domingo Savio era uno de ellos.Don Bosco era muy querido por sus “pilluelos” (así los llamaba él) hasta lo inverosímil. A quien le preguntaba el secreto de tanto ascendiente sobre ellos, respondía: “Con la bondad y el amor trato de ganar para el Señor a estos mis amigos”. Por ellos sacrificó todo el poco dinero que poseía, su tiempo, su ingenio que era capaz de todo, su salud. Con ellos se hizo santo. Para ellos fundó la Congregación Salesiana, formada por sacerdotes y laicos que quieren continuar su obra y a la que señaló como “fin principal el sostener y defender la autoridad del Papa”.Queriendo extender su apostolado también a las muchachas, fundó con Santa María Dominica Mazzarello la Congregación de las Hijas de María Auxiliadora. Los Salesianos y las Hijas de María Auxiliadora se extendieron por todo el mundo al servicio de los jóvenes, de los pobres y de los que sufren, con escuelas de todo género y grado, institutos técnicos y profesionales, hospitales, dispensarios, oratorios y parroquias. Dedicó todo su tiempo libre, que muchas veces lo robaba al sueño, para escribir y divulgar opúsculos fáciles para la instrucción cristiana del pueblo.Fue, además de hombre de caridad muy activa, un místico entre los más grandes. Toda su obra tuvo su origen y fuente en la íntima unión con Dios, que desde joven cultivó cuidadosamente y se desarrolló en el abandono filial y fiel al designio que Dios había predispuesto para él, guiado paso a paso por María Santísima, que fue la Inspiradora y la Guía de todas sus empresas. Pero su perfecta unión con Dios estuvo, acaso como en pocos Santos, unida a una humanidad entre las más ricas por bondad, por inteligencia y por equilibrio, a lo cual hay que añadir el valor de un conocimiento excepcional del alma humana, madurado en las largas horas transcurridas diariamente en el ministerio de las confesiones, en la adoración al Santísimo Sacramento y en el continuo contacto con los jóvenes y con personas de toda edad y condición.Don Bosco formó generaciones de santos porque recordaba a sus jóvenes el amor de Dios, la realidad de la muerte, del juicio de Dios, del infierno eterno; la necesidad de rezar, de evitar el pecado y las ocasiones que conducen a pecar y de acercarse frecuentemente a los Sacramentos.“Queridos míos, yo os amo con todo mi corazón y basta que seáis jóvenes para que yo os ame muchísimo”. Amaba de tal modo que cada uno pensaba que él era su predilecto.“Encontraréis escritores mucho más virtuosos y doctos que yo; pero difícilmente podréis encontrar alguien que os ame más en Jesucristo y más desee vuestra verdadera felicidad”.Agotado en sus fuerzas por el trabajo incesante, enfermó gravemente. Particularmente conmovedor: muchos jóvenes ofrecieron al Señor la propia vida por él. “… Lo que he hecho, lo he hecho por el Señor… Se habría podido hacer más… Pero lo harán mis hijos… Nuestra Congregación es conducida por Dios y protegida por María Auxiliadora”.Una de sus recomendaciones fue ésta: “Decid a los jóvenes que los espero en el Paraíso…”.El 31 de enero de 1888 expiraba en su pobre habitación en Valdocco, a la edad de 72 años.El 1 de abril de 1934, Pío XI, que tuvo la dicha de conocerlo personalmente, lo proclamó Santo.__________________________________________________________

MADRE MARIA MAZZARELLO

María Dominga Mazzarello nació en Mornés (Alessandría, norte de Italia) el 9 de mayo de 1837, en el seno de unamadremazzarelo y la Virgen familia numerosa, primogénita de diez hijos. Influenciada por este entorno, desde pequeña aprendió a abrirse al diálogo y a la colaboración. Creció en un clima sereno, armónico, humilde y feliz, entre gente sencilla, en un ambiente de espera paciente de las estaciones, en contacto con la naturaleza y dedicada a las tareas agrícolas. Sus padres fueron buenos educadores. Su madre, Magdalena Calcagno, era de carácter alegre y comunicativo. De ella recibió la formación femenina, acorde con las costumbres de la época, dedicada al trabajo doméstico y al cuidado de los hermanos. Pero fue de su padre, José Mazzarello, de quien recibió una sólida formación que la condujo a la asimilación de los valores humanos y cristianos. De él aprendió a mirar la vida con realismo concreto, sereno, a trabajar con sacrificio y esperanza, a descubrir el sentido de las cosas, de los acontecimientos, el significado de la vida del hombre y de su propia vida. Con su presencia paterna y sus intervenciones oportunas, le reveló a su hija la figura del verdadero educador. Otra influencia decisiva en la vida de María fue Don Domingo Pestarino, su asesor espiritual, quien ratificó la educación recibida de su padre y, durante veintisiete años, la orientó hacia una verdadera formación espiritual. A los 15 años, por invitación de Ángela Maccagno, ingresó al primer grupo de la Pía Unión de las Hijas de la Inmaculada. La pertenencia a esta asociación le dio la oportunidad de profundizar la devoción mariana. La Virgen se convirtió en el ideal de vida consagrada y apostólica. Entonces su compromiso se intensificó y se extendió a las jóvenes, a las madres de familia y a los enfermos del pueblo. A los 23 años, después de haber asistido a sus familiares enfermos de tifus, contrajo la enfermedad. Nunca más volvió a ser la misma de antes, no recuperó sus fuerzas físicas y este acontecimiento la llevó a decidir un cambio de actividad: ya no sería campesina, sino modista. Esta decisión fue más que una simple elección. Fue el origen de una nueva misión: la de vivir para Dios, haciendo el bien a las jóvenes y mujeres del pueblo.

"A ti te las confío"

Un encuentro trascendente se produjo en el otoño de 1864, cuando Don Bosco (1815-1888), que había creado la congregación Salesiana en 1859 en Turín, llegó a Mornés de vacaciones con sus muchachos. Las Hijas de la Inmaculada se encargaron de prepararlo todo para recibirlos. María quedó impresionada por la personalidad del sacerdote. “Don Bosco es un santo y yo lo siento”, dijo a sus compañeras.
Los datos aportados por la historia permiten afirmar que el grupo de Mornés no fue el único que tuvo en cuenta Don Bosco para orientarse en la fundación de un instituto religioso femenino, aunque finalmente se decidió por él. En las Hijas de la Inmaculada de Mornés, el santo encontró un grupo con experiencia de vida en común, receptivo al espíritu salesiano y con una inserción vital en la sociedad decidida a dedicarse a la promoción del pueblo y especialmente de la mujer. El 5 de agosto de 1872, María Mazzarello y sus otras compañeras profesaban sus primeros votos religiosos: nacía entonces el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora. Como superiora fue una hábil formadora y maestra en la vida espiritual. Tenía el carisma de la alegría serena, irradiando gozo e implicando a otras jóvenes en el empeño de dedicarse a la educación de la mujer. Cuando la Madre Mazzarello muere en Nizza Monferrato, el 14 de mayo de 1881, el Instituto tiene sólo nueve años de historia pero 26 casas, 166 hermanas, 50 novicias y 22 postulantes. Sus restos se veneran en la Basílica de María Auxiliadora en Turín. Su fiesta se celebra el 13 de mayo._________________________________________________________

 

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