Testimonios

No naci educadora:

 La vocación salesiana me hizo educadora

 

La vida pasa pronto… “es como un soplo”, dice el salmista. Así, 46 años siendo educadora de jóvenes, también pasaron rápido, tan rápido, que no tuve tiempo para descifrar cuales requisitos tenía para esta vocación.

Sin embargo mi vida en las aulas, mi entrega al enseñar no correspondían a habilidades heredadas de familia, ya que nadie dentro de ella estaba inclinado a la vocación de educador.

A mí, Dios me tenía reservado el inestimable don de la vocación salesiana y a través de ella me señaló un específico camino para realizarla, y que yo acogí con entusiasmo: ser educadora de muchas adolescente y jóvenes. De esta forma Jesús no me escogió por que podía educar sino, más bien me preparó porque me había escogido. Él no escoge a los preparados, sino que prepara a los escogidos.

Fueron muchos y sacrificados mis años de estudio universitario. Tuve que llevar en forma simultánea, estudio y trabajo: por la mañana profesora y por la tarde o noche, discípula de la universidad.

Estos estudios me proporcionaron una amplia y segura cultura con la que pude alimentar las mentes de mis alumnas. Sin embargo, mi verdadera escuela, el campo real de mi graduación fue el contacto diario, día a día, con las jóvenes que año con año, la providencia de Dios me confió.

La enseñanza del español y la catequesis a muchachas de 15 y 17 años me ayudó a asociarme innumerables corazones juveniles, a sondear sus cualidades y riquezas para sacarlas a flote, a intuir el camino que podía hacer el mal en ellas y prevenirlo, a escrutar su futuro y darles alas para que lo pudieran alcanzar.

A través de la educación procuré ser artista: manejar el pincel que pinta la vida de una joven y utilizar el cincel que lima las asperezas, es todo un arte…

Pero, me pregunto hoy: ¿valió la pena haber dedicado 46 años a la educación?, ¿me siento satisfecha de haber gastado 8, y en algunas veces, 12 horas del día, compartiendo con las preadolescentes, colaborando en construir el futuro de estas jóvenes?…

¡Sí valió la pena! Porque, para mí, fue la forma de evangelización a la que Dios y Don Bosco me dieron oportunidad de colaborar.

 En mis 53 años de Vida Religiosa he tenido que combatir muchos combates, he tenido que saltar muchos obstáculos, la lucha a sido diría pero, al final de la carrera, como dice San Pablo, se gana la corona.

Sor Elizabeth Sánchez López, FMA (texto extraído del Boletín Salesiano Centroamericano)

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